TRAVESÍA. Galería OCTOGONO.
TRAVESÍA. Galería OCTOGONO.

Manuel Terán: Travesía. *

 Por Martín F. Yriart

 Presentar a Manuel Terán (Santiago de Chile, 1974) significa hablar de un artista a la vez de sólida formación técnica y de múltiples lenguajes, que conviven casi simultáneamente en su creación, donde mundos muy diferentes y fuertemente diferenciados surgen a la vista.

 

         Su versatilidad de lenguajes visuales, por hacer una comparación ilustrativa, hace pensar en ciertos compositores clásicos, capaces de ejecutar con dominio profesional media docena de instrumentos musicales.

         En este sentido Terán puede tomarse como un ejemplo representativo del siglo XXI, de la Era de la Globalización, donde caen las fronteras y el presente es el mismo en todos los meridianos del planeta. Con el agregado del efecto telescópico de las tecnologías contemporáneas de la comunicación. Merced a ellas es posible tener presentes las obras de arte del pasado distante con la misma sensación de actualidad que si fueran creadas por los artistas de hoy. Y apropiarnos en el presente, con legitimidad, de todos los lenguajes concebidos a lo largo de la historia del Arte.

 

         En el siglo XIX todavía, los cambios de época –del neoclasicismo al realismo académico; de este al impresionismo– son perfectamente nítidos y absolutos: una nueva generación de artistas y sus lenguajes visuales arrasan con sus precedentes, hundiéndolos relativamente en la sombra del pasado.

         Con la obra de Terán ocurre precisamente lo contrario: las fases de su creación, los lenguajes visuales y las técnicas que las caracterizan, coexisten sin estorbarse entre ellas. Obligan, sin embargo, a quienes pretenden hacerse una idea global del artista, a admitir en él una personalidad múltiple y que parece renovarse continuamente, pero que es él mismo siempre como la suma de su creación.

         Este catálogo digitalizado de su obra viva –reflejo de sus años recientes de trabajo, los de su residencia en España, desde 2000– podría parecer el de una muestra colectiva, si quien lo recorre no estuviera preparado para identificar en su diversidad uno de los  rasgos más singulares de la creación de Manuel Terán, junto con una continua presencia de la luz en su obra, subrayada aún más por algunas escenas nocturnas que sin embargo conectan con otras obras diurnas por motivos fácilmente reconocibles, como los ubicuos paraguas en su serie A propósito de la lluvia.

 

         En la obra de Terán puede ser tentador ver un aparente eclecticismo académico. Terán se formó en la Universidad de Chile, prestigiosa por representar uno de los más altos niveles de la educación superior en América Latina. Pero esta apreciación sería una traición a la verdad, porque la obra de Terán, no importa la posible filiación de los lenguajes en que se exprese, es siempre original, imposible de remitir a un antecedente en la historia del arte y especialmente del arte contemporáneo.

 

         La singularidad más destacable de esta obra, probablemente, es la visión de la realidad que se manifiesta en ella. Esta es una visión fuertemente personal, que recorta del mundo percibido aquellos rasgos que hacen significativa una escena (una mujer joven sola frente a un libro en un café, o esperando junto a una esquina con un libro en la mano) para convertirse en una decodificación de los gestos humanos como signos de su interioridad.

         Lo mismo puede decirse de su visión paisajista –sus “retratos urbanos”– que convierten a los paisajes de la ciudad en interpretaciones de su naturaleza profunda, como cuando “retrata” calles atiborradas de coches en horas punta, pero en cuyas aceras no puede observarse a ningún peatón; como tampoco, a ningún habitante, a través de las ventanas fuertemente iluminadas de los edificios.

         Como se aprecia por este par de obvios ejemplos, la obra de Terán va más allá de la simple figuración: no representa meramente la realidad percibida por el artista (y por el público que contempla la obra) sino que, sin emplear palabras, dice algo acerca de ella que, entonces, toca a ese mismo público interpretar, a partir de su propia experiencia vital y visual.

         Terán construye su mundo con una visión casi teatral, a veces, como en esas escenas oscuras de lluvia suyas, en las que el espacio está dividido en planos, desde el proscenio que representan los trazos blancos de las gotas al caer, hasta las sucesivas bambalinas de donde surgen los personajes, y el telón de fondo, que se sume en la sombra o la luz, según el punto de vista de donde está construida la perspectiva de la escena.

         Así, Terán se muestra plenamente como un creador artístico del siglo XXI, a pesar de las apariencias sugerentemente desconcertantes de sus obras.

Madrid. Octubre, 2010

   (Buenos Aires, 1942 – ) es profesor de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (en excedencia) y periodista de extensa trayectoria en medios de comunicación argentinos (Panorama, La Opinión, Ámbito Financiero) e internacionales (Time-Warner, Reuters). Reside en Madrid desde 1998. Para toda comunicación dirigirse a: “Martín F. Yriart” <mfyriart@yahoo.es>.

*Nota: Este texto ha sido escogido de "Manuel Terán : Obra viva 2010" 

 

Del 19 de Septiembre al 11 de Octubre del 2014 , en Galería Octógono de Avilés.